Cabo Tiñoso
El área de Cabo Tiñoso se localiza en una zona estratégica, en la confluencia de dos bahías de aguas resguardadas de los habituales

Todo empezó ese mismo mes con la preparación del material necesario para la labor que se nos había encomendado. Salimos del aeropuerto de Barajas junto al resto de la expedición, una treintena de hombre, biólogos marinos, científicos, vulcanólogos, y así un largo etcétera de especialidades del mundo de la investigación. Era el último año que tenían España para presentar el trabajo que nos permitiría ser miembros consultivos del Tratado Antártico, por lo que ¡teníamos que ponernos las pilas! Con rumbo a Santiago de Chile y después de 12 horas de viaje llegamos al Aeropuerto de Santiago y, más tarde, al Hotel Carrera.

El embajador de España en Chile nos agasajó con una recepción oficial. Al día siguiente, volamos rumbo a Punta Arenas, la ciudad más austral del continente americano, en el Estrecho de Magallanes, donde esperamos al barco que nos tenía que servir de laboratorio los próximos meses: el "Río Baker" un ballenero chileno reformado, viejo y pequeño; pero la ilusión era mayor y lo veíamos estupendo. Antes de embarcar, estuvimos viendo un poco la zona, la Patagonia, los glaciares, los Picos del Paine... una zona todavía salvaje.

Nos hacemos a la mar
Y por fin llegó el día. Una vez pertrechado el barco de materiales y víveres, zarpamos con rumbo al continente helado. Todo nos llamaba la atención, los canales patagónicos, los glaciares, las focas, el viento que doblaba los árboles que nos acompañaban en los canales... toda una aventura ante nuestras retinas.

Después de dos días de navegación, salimos al océano. Avistábamos el famosos Cabo de Hornos, escenario de tantas y tan grandes batallas. El Estrecho de Drake nos separaba del continente, conforme nos encontrábamos en la mar ésta nos saludó con la primera borrasca, empezó a agitarse y las olas nos pasaban por encima del puente. La mayoría de los miembros de la expedición no eran marinos, así que se refugiaron en sus camarotes huyendo del mareo gracias a la posición horizontal de sus literas. Algunos no aparecieron en toda la travesía. Los que quedábamos "con vida" empezamos a probar parte de los equipos que habíamos instalado en Punta Arenas. Nuestra zona de trabajo comenzaría en Shetland ; del sur al Estrecho de Brandsfield, la base Juan Carlos I comenzaba sus andaduras. Estaba ubicada en la Isla de Livingston, hacia donde nos dirigíamos. A los tres días de travesía empezamos a ver los primeros icebergs. La mar se calmó y la tripulación comenzó a aparecer por el comedor. La cubierta del Río Baker era un mar de fotógrafos, todos queríamos capturar la instántanea del primer hielo flotante. Con el tiempo, nos cansaríamos de verlos. Pronto, avistaríamos las primeras islas de las Shetland y por fin fondeamos frente a la base Juan Carlos I, que eram dos contenedores prefabricados. Nos recibieron con mucho cariño y montamos una barbacoa de bienvenida. Fue nuestro primer contacto con el continente antártico, los calderones, delfines, lobos marinos, pingüinos, escuas y ballenas jorobadas cuajaban aquel paisaje blanco, estábamos en la Antártida.

Comenzaba el trabajo. Como sabéis, la noche antártica es mucho más corta que la que conocemos nosotros, el sol nunca termina de ponerse. Por eso, nuestro jefe nos tenía trabajando de sol a sol, es decir, todo el día. La verdad es que el trabajo era arduo y no había mucho tiempo. En marzo debíamos entregar todo el proyecto y faltaban horas para realizar pruebas y medidas en la zona que se nos encomendó.

Los vulcanólogos, geólogos, oceanógrafos, cartógrafos, en fin todos los integrantes de la expedición, nos apresurabamos pra cumplir los objetivos que se nos habían encomendado, colocar aparatos de medidas, recoger muestras, hacer análisis, un sinfín de trabajos en los cuales los buceadores teníamos gran protagonismo. Éramos porteadores, barqueros, patrones de las embarcaciones, hacíamos todo tipo de trabajos; ayudábamos a los científicos, reparábamos los motores, controlábamos los víveres y los materiales.

El brazo de Aquiles
Disponíamos de un robot, el modelo "achiles" pero nosotros le llamábamos Aquiles. Era más coloquial y fácil. Se sumergía a 200 metros de profundidad y tomaba imágenes submarinas de la flora y la fauna, también recogía muestras con ayuda de su brazo articulado.

Pero lo que nos gustaba era hacer inmersiones bajo los hielos y recoger muestras manualmente, lo que hacíamos cada vez que las circunstancias y el tiempo nos lo permitían. Nuestri sitio preferido era la Isla Decepción. Fue un volcán en activo en los 70 y anteriomente factoría ballenera. Debido a una erupción volcánica ésta quedó parcialmente sepultada bajo la lava y las cenizas, como el glaciar que la rodea. Ahora es un cráter abierto por un paso llamado las fauces del diablo, sus aguas permanecen a una temperatura óptima para el baño ya que tiene emanaciones y fumarolas, lo que hace que la temperatura del agua no se enfríe, así que sus fondos gozan de una fauna diferente y abundante en especies.

Lo más espectacular son las colonias de pingüinos y leones marinos que invaden esta isla, nosotros la utilizábamos como refugio en los temporales, nos permitía gozar de seguridad dentro de su cráter.

También son muy comunes las escuas, especie de gaviata que ataca al hombre cuando se acerca a su territorio. Existe una especie genuina de estas islas, la paloma antártica, que forma parte de los escudos de la base Juan Carlos I.

Los meses pasaron y comienzan las nevadas. Los hielos precintan la superficie marina. Es hora de volver a casa con la satisfacción de haber realizado los objetivos fijados.

Una vez en España, la Casa Real nos recibe para ser felicitados por SSMM los Reyes, y condecorados con la Cruz al Mérito Naval con distintivo blanco. Fue un honor para nosotros el que los Reyes nos recibieran y posaran después en una foto que todavía conservo.

Lo que queda después de esta aventura antártica es el recuerdo imborrable de haber aportado un grano de arroz en el importante trabajo que realizaron y realizan hombres y mujeres de este país para la investigación y el bienestar de las futuras generaciones.

José Plané
Buzo profesional

 

 

 

 

 

 

 


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