|
La creciente actividad industrial gracias al incremento de infraestructuras como las desalinizadoras, ha organizado una mayor demanda de los buzos especializados en áreas confinadas, es decir, en espacios cerrados.
Aunque el interés por los buceadores profesionales ha crecido en los últimos años, este sector no termina de afianzarse en nuestra región. Apenas existen escuelas profesionales y los especialistas escasean. Muchos de estos buceadores se ven obligados a "emigrar" a otras comunidades en busca de la formación que necesitan.
Factores de riego Si bucear en el mar o en cualquier otro espacio abierto supone cierta tranquilidad, ya que no existe un techo sobre la cabeza que dificulte la salida a la superficie, no ocurre lo mismo en las zonas confinadas donde un simple movimiento puede convertirse en una tarea difícil de realizar y, por tanto, en una actividad de riesgo.
De hecho, son muchos los factores que influyen en las condiciones fisiológicas de un buceador. El entorno subacuático, la falta de visibilidad, llevar un equipo más pesado de lo normal, así como las posibles dificultades a la hora de salir con inmediatez o la falta de suministro de la mezcla respirable hacen que esta actividad requiera importantes medidas de seguridad y, sobre todo, una gran especialización de los buceadores.
Estar encerrado en un túnel a 200 metros de la entrada, sin visibilidad y sin posibilidad de retornar en caso de falta de aire. hace que el buceador piense y reproduzca sus propios fantasmas al igual que en una película que termina una vez se ha regresado a la superficie.
El buceo profesional en zonas confinadas exige, aparte de una formación teórica y un entrenamiento específico, unas aptitudes psíquicas óptimas debido a las condiciones especiales de este entorno de trabajo. Para entender un poco estas condiciones basta con cerrar los ojos e intentar caminar a oscuras. La falta de seguridad, la angustia y el miedo por no saber qué podemos encontrar hacen que las constantes vitales aumenten y crezca el nerviosismo.
Equipamiento profesional A partir de los años 60 empezó a sustituirse la tradicional escafandra por los equipos autónomos, mucho más ligeros. La integración de la escafandra autónoma es relativamente reciente y ha permitido una mayor maniobralidad en el entorno subacuático. Todas estas especificaciones están recogidas el artículo 6 del BOE de 27/11/1997 sobre el equipamiento obligatorio para el buceo autónoma. Asimismo, esta ley también establece, en su artículo 5, el número mínimo de personas que deben intervenir en un trabajo de buceo según ek sistema utilizado. En el buceo autónomo, el equipo debe estar compuesto por cuatro personas: un jefe de equipo, dos buceadores de intervención y un buceador de socorro.
En cuanto al protocolo a seguir en caso de que se produzca lagún accidente, hasta hace bien poco, apenas existían planes de emergencia. Los buceadores tan sólo contaban con su valor para hacer frente a las situaciones más difíciles. Al no haber ninguna ley específica, los cordones umbilicales y las mangueras se fabricaban de cualquier manera. La comunicación con el enterior se hacia mediante un cabo a través de un código de señales: dos tirones arriba, cuatro para salir.
Por suerte, hoy día las cosas han cambiado y, tal y como establece el BOE, los cables han de ser de fibrón, un material altamente resistente y atóxico y deben estar homologados por la CE. Todos los equipos modernos cuentan con las especificaciones técnicas correspondientes, también disponen de iluminación y de un sistema de control de la profundidad o neumo. En cuanto a las máscaras, deben contar con un doble sistema de seguridad, ventilación y comunicación telefónica.
Plan de accidentes En caso de accidente,ya sea disbárico o de cualquier otra índole, existe un plan de seguridad y salud específico que incluye un plan de emergencia y evacuación que se elabora antes de realizar cualquier tipo de trabajo submarino.
El desarrollo de estas medidas de seguridad y la tecnología de última generación han reducido el porcentaje de siniestralidad en los últimos años. En 2006 tan sólo murieron tres buceadores por causas que aún hoy desconocemos. Sigue siendo una cifra muy inferior con respecto a los accidentes que se producen en el buceo deportivo o la apnea, pesca submarina.
José Plané Buzo profesional
|